Sepan disculpar las modestias...

Cuentos cortos, cuentos tontos, cuentos prontos, cuentos quentes, cuentos cuerdos,

cuentos locos, cuentos cruentos...

cuertos contos.



Cuando se pone uno a escribir una historia que rondaba en su cabeza, corre el riesgo de estar juntando cosas que ha leído

y que acuden a vaya a saber qué convocatoria cerebral de compleja índole.



Sepan disculpar las molestias ocasionadas, aquellos que detecten faltas de ese tipo
repetitivo o copiador.



Y sepan disculpar las modestias, cuando alguna de esas ideas,
resulte original y sea buena...




CON ILUSTRACIONES DEL AUTOR






miércoles, 18 de enero de 2012

CUENTOS DEL TIO HANIBAL


LA SIMPLEZA DEL CRISÓLOGO (cuento tonto)

Antes que nada quisiera decirles algo. No porque la colmena se piale, la enchutra se enfila para el córrego. Ésto lo decía mi abuelo -que no era botarate ni planérguido- allende sus pagos (y alende no se vende), alla por los pagos del Partido Ceroacero, y en épocas de mas guapos y menos tilingos. ¿Qué quiero decir con ésto? Que cuando un balalaque se manifiesta tórrido o impertérrito ante la fibroliración de la zótola, no hay porque salir a curricular la sonósfera con vozalcuetes y canteráculos diversos y fanfarriados al mas puro estilo Zaingardént.
Para mejor ejemplo, valga la historia de Pepe Cartegol, un viejo amigo de mi padre que, cuando joven, vivió apretujados tejemeneges de empotración sinigual, por culpa de su complejidad a la hora de analizar las hartoféneras del crisólogo.
Resulta que Pepe sabía enumerar sus ecúmenas con tretes y protarcas -como se hacía antes de la innovación terrapal- y nunca erraba un píntete. Pero un dia pasó por la zanabria un crisólogo julepero haciendo barates con la tarigüela desde su brioso pércego. Al ver a Pepe enmarañado en tan semisófilas pumbias, roteló el erambro un poco a la derecha, desembrió y frente al azorado ecuenumerador, peló ahi nomás un sabulete de dimensiones extrapoladas que podría ser la envidia del rabanaque mas encumbrado. Y sin mediar sínfula le repicó:

_¿Se la toma en serio o me va a venir con enseladas...?
A lo que Pepe respondiole:
_¿Qué no se ha de saludar, alla de ande Usté viene...?
_Como saludo valga la presentación: Almenpeno Larralde, pa'servirle. Me dicen "El Tata".
_¿El Tata...? Me suena...
_No se apompone, si le suena. A veces no todo lo que suena es folclór. Sepa endisculpar el entrevero que me dispersa. No le he dicho la profesión que me ocupa, anque por la herramienta, ha de haberse dado cuenta ya...

Pepe miró el abatarete que desenjarcara el enjuto barbablanca y titubeó al responder:
_Crisólogo, ha de ser...
_Ansina es. Y de los buenos. Si quiere le miro un poco la marmena, pa' que vea que no le miento.
_No... no. Le agradezco. Le creo, créame... -Y le quiso cambiar de tema, volviendo a lo de antes:
_Y... digame. Lo de Tata, ¿es por la barba...?
_No. Por el tatoo.

Y para asombro y descoloque filándrico del Pepe, el atisfelado ronquete se levantó la camisa hasta el englobe y le mostró un tatuaje de perba, con revuldengues en los bordes de las ralas y miles de microtelgas sufridas a ambos esmirres del meneteque. El amigo de mi padre quedó estaqueado al piso, casi en guardia, temiendo que aquel gesto fuese una provocación. Esa imagen descarnada y tan simbólica, no podía ser mas que eso.

_Tengo mas diseños, pero siguen a la vuelta. ¿Quiere ver? -le inquirió aun casi de espaldas, el emborlado visitante.
_No, no. Paso.
_Pase.
_Que paso, que no.
_¿Que pasa o que no pasa?
_Que no veo. Paso.
_Ah. Si fuera truco, me tendría que llevar el pozo.

Pepe lo miró con despirarnia unos segundos. Al fin agregó:
_Si, claro. Correspondería.
_Correspondería que me vaya yendo, ya...
_Ya, ya...

Y el crisólogo Larralde montó de nuevo su ambaro salmón carmesí, y saludando con la mano, espoleó al matungo con singular maestría, y éste respondió cargando contra el camino y levantando polvareda como para sambear el parne.
Pepe estuvo a punto de gritarle, pero no lo hubiese oído. Asique se dijo para si mismo, bajito:

_Viejo loco...

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